Qué dieta para perder peso? Lo que responden 48 ensayos aleatorizados
Las grandes familias de dietas, de las más pobres en carbohidratos a las más pobres en grasas, se acompañan todas de una pérdida de peso, y las diferencias entre ellas siguen siendo mínimas. Es la conclusión de un metaanálisis en red de 48 ensayos aleatorizados, con 7 286 participantes (Johnston y cols., JAMA, 2014). El ensayo DIETFITS pasó después a la prueba directa, con 609 adultos seguidos doce meses: 5,3 kg de pérdida media con alimentación pobre en grasas, 6,0 kg con alimentación pobre en carbohidratos, una diferencia no significativa que ni la genética ni la insulina explican (Gardner y cols., JAMA, 2018).
Qué comparó el metaanálisis de 48 ensayos
Los 48 ensayos reunidos por Johnston y cols. proceden de 59 publicaciones, extraídas de 6 bases de datos, y representan a 7 286 adultos con sobrepeso u obesidad, un índice de masa corporal (IMC) de 25 o más (Johnston y cols., JAMA, 2014).
Cada ensayo mantenía su dieta o sus dietas populares, sin acompañamiento especializado, frente a otro método alimentario o frente a la ausencia de dieta; el seguimiento duraba tres meses como mínimo, y el peso se registraba a los 6 y a los 12 meses (misma fuente).
Una misma dieta aparecía rara vez en varios ensayos, lo que complicaba cualquier comparación directa. El metaanálisis en red salva el obstáculo: enlaza las dietas de dos en dos, y cada eslabón se apoya en los ensayos que las enfrentaron (misma fuente).
Frente a la ausencia de dieta, la pérdida de peso alcanzaba 8,73 kg a los 6 meses con alimentación pobre en carbohidratos, frente a 7,99 kg con alimentación pobre en grasas; a los 12 meses, las dos familias se encontraban en torno a 7,3 kg (misma fuente).
El modelo también cifra la influencia del apoyo conductual, 3,23 kg a los 6 meses frente a 1,08 kg a los 12 meses, y la del ejercicio, 0,64 kg frente a 2,13 kg (misma fuente).
Diferencias mínimas entre dietas con nombre
La mayor diferencia entre dos dietas con nombre alcanzaba 1,71 kg: a los 6 meses, la dieta Atkins aventajaba a la dieta Zone (Johnston y cols., 2014).
Para los autores, la pérdida de peso obtenida con una u otra alimentación pobre en carbohidratos o en grasas es significativa, y las diferencias entre dietas con nombre siguen siendo reducidas (misma fuente).
El ensayo DIETFITS: dos dietas, doce meses de seguimiento
DIETFITS reclutó a 609 adultos de 18 a 50 años, sin diabetes, con un índice de masa corporal entre 28 y 40. La aleatorización repartió a estos voluntarios entre una alimentación sana pobre en grasas y una alimentación sana pobre en carbohidratos (Gardner y cols., JAMA, 2018). El ensayo se desarrolló en un único centro, y el reclutamiento se extendió de 2013 a 2015 (misma fuente).
El acompañamiento no difería entre grupos: 22 sesiones colectivas repartidas a lo largo de doce meses, dirigidas por educadores, con un mismo rumbo: la versión de la dieta más sostenible en el tiempo (misma fuente).
A los 12 meses, la pérdida de peso media alcanzaba 5,3 kg en el grupo pobre en grasas y 6,0 kg en el grupo pobre en carbohidratos. Entre ambos, la diferencia de 0,7 kg no era estadísticamente significativa (intervalo de confianza del 95 %: -0,2 a 1,6 kg). Las ingestas realmente alcanzadas diferían mucho más: 48 % de carbohidratos por un lado frente a 30 %, y 29 % de lípidos frente a 45 % (misma fuente).
481 participantes de 609, es decir el 79 %, completaron el seguimiento, y los 18 eventos adversos registrados se repartían por igual entre los grupos. Los perfiles lipídicos y la presión arterial mejoraron en ambos grupos; el colesterol LDL aumentó en el grupo pobre en carbohidratos (misma fuente).
La amplitud individual superaba con creces la diferencia entre grupos: de 30 kg perdidos a 10 kg ganados dentro de cada grupo, una dispersión cercana a los 40 kg (misma fuente).
Ni los genes ni la insulina separaron las dietas
Quedaba una pista abierta por trabajos anteriores: dependería la buena dieta del perfil de cada persona? El ensayo probó dos marcadores, un perfil genético construido sobre tres polimorfismos, y el nivel de insulina medido treinta minutos después de una carga de glucosa. Al inicio, el 40 % de los participantes portaban el perfil asociado a la dieta pobre en grasas, y el 30 % el asociado a la dieta pobre en carbohidratos (Gardner y cols., 2018).
No se encontró ninguna interacción entre la dieta seguida y el perfil genético (P = 0,20), ni entre la dieta y la secreción de insulina (P = 0,47) (misma fuente).
Un trabajo retrospectivo anterior había observado una diferencia de 6 kg frente a 2 kg según el emparejamiento de las participantes con un genotipo. DIETFITS se diseñó para probar esta hipótesis de forma prospectiva; no la confirmó (misma fuente).
Estos dos marcadores no permitieron identificar qué dieta convenía a quién, señalan los autores (misma fuente).
La adherencia en el tiempo
El metaanálisis de 2014 ata su recomendación a un criterio simple: proponer la dieta que el paciente logrará seguir (Johnston y cols., 2014).
Un segundo metaanálisis, sobre 27 estudios, cifra la adherencia a los programas de pérdida de peso. La tasa media se establece en el 60,5 %, y disminuye con la duración: 69,9 % para los programas de menos de 12 meses, 53,0 % para los de un año o más (Lemstra y cols., Patient Preference and Adherence, 2016).
Dos palancas mejoran estas tasas, con un factor de 1,65 para el acompañamiento de las sesiones, de 1,29 para el apoyo social (misma fuente).
La duración sigue siendo el punto sensible después del final de los programas: una revisión de Hall y Kahan informa de que, en un metaanálisis de 29 estudios, más de la mitad del peso perdido se recupera en dos años, y más del 80 % en cinco años (Hall y Kahan, Medical Clinics of North America, 2018).
Obesidad y trastornos alimentarios: el seguimiento profesional
Los ensayos descritos aquí trataban a adultos sin diabetes (Gardner y cols., 2018). Otras situaciones exigen un seguimiento médico que estos protocolos no abordan.
La obesidad está clasificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad crónica y recurrente; en 2022, 890 millones de adultos vivían con obesidad (OMS, 2025).
En una persona que vive con obesidad, una pérdida del 5 % al 10 % del peso disminuye el riesgo de aparición de la diabetes de tipo 2 (HAS, 2011).
En Francia, la Haute Autorité de Santé (HAS) pide que el sobrepeso y la obesidad sean atendidos por el médico de primer nivel, en un seguimiento programado (HAS, 2011). También advierte contra las dietas sucesivas, cuyas fluctuaciones de peso pueden ser peligrosas para la salud (misma fuente).
Los trastornos del comportamiento alimentario, la anorexia nerviosa o la bulimia, corresponden a profesionales de la salud formados en estos trastornos (Assurance Maladie, 2026).
Nada de estos resultados sustituye la evaluación de una situación individual, que corresponde a un profesional de la salud (HAS, 2011 ; OMS, 2025).